Diaro de la Construcción

Nueva York puede estar por superarse a sí misma y sorprendernos en breve con un nuevo proyecto de recuperación urbana. Se trata de un proyecto desarrollado por James Ramsey, un arquitecto que trabajaba en la NASA en áreas de recolección de luz solar para satélites cuando conoció la antigua terminal abandonada de metro de Williamsburg, situada en el Lower East Side de Manhattan, sin uso desde hace más de 70 años.

Su impacto por el lugar unido a su experiencia en tecnologías de canalización de iluminación lo llevaron a presentar a la municipalidad un proyecto hasta ahora único, junto a su socio en Raad Studio, Dan Barasch: el primer parque subterráneo del mundo con la característica de poder estar disponible todo el año, no sólo los meses de clima agradable: El Lowline.

Cuando Alicia Glen y su equipo encargado de evaluar propuestas recibieron el único proyecto interesado en explotar ese lugar, pensaron que era una locura pero con mente abierta admiten que las nuevas tecnologías y formas de ocupación del espacio son bienvenidas como formas dinamizadoras urbanas. En Julio pasado se les dio la aprobación municipal para avanzar en el proceso de desarrollar el Lowline.

El parque, que más que eso será un espacio multipropósito tecnológico de esparcimiento, será desarrollado en 4,100m2 subterráneos y contará con el verde y luz solar que se esperan de un parque convencional mediante el sistema desarrollado por Ramsay llamado “remote Skylight”, algo así como “tragaluz a distancia”, que consiste en canalizar la luz solar en un complejo laberinto de reflexión que la multiplica hasta generar una sensación de luz natural a varios metros bajo el suelo y permitir a las plantas, árboles y césped realizar la fotosíntesis.

Usando la tecnología de la fibra óptica, plantean un modelo que puede transportar luz natural suficiente para poder crear un parque natural bajo tierra. Dicho así suena a ciencia ficción, pero según los creadores del proyecto, actualmente se cuenta con la tecnología suficiente para hacer crecer pasto y árboles bajo tierra gracias a unos grandes recolectores que recogerían la luz solar y la llevarían a través de cables de fibra óptica hacia una serie de distribuidores ubicados en la parte superficial. En días nublados se necesitaría de luz artificial para alcanzar la luminosidad que hace falta bajo tierra.

El lugar contará además con un sistema de ventilación que permitirá la renovación del aire.

Luego de la aprobación municipal y previo a la construcción sobrevienen tres etapas importantes: la recaudación de fondos (el Estado no financia este proyecto, al menos según declaraciones iniciales), comprometer e informar a la comunidad acerca del lugar y sus posibilidades, y avanzar sobre el proyecto ejecutivo.

El costo preliminar estimado es de US$ 60 millones que se esperan recaudar de fundaciones, donantes privados y patrocinios corporativos. Habrá que tener en cuenta también que se requerirán unos US$ 4 millones adicionales por año para mantenimiento.

Tanto los vecinos del Delancey Underground como las autoridades locales se encuentran muy entusiasmados con darle un nuevo uso a este espacio en abandono. La idea de transformar una fría y oscura estructura en un parque público con vegetación natural les ha fascinado y les parece sumamente atractiva.

Pero la viabilidad del proyecto es complicada y su funcionamiento no es sencillo. Por ello, los arquitectos se han unido con la Friends of the High Line, la organización tras el éxito del parque superior para estudiar las diversas formas de financiación.

Se estima que recién podrían comenzar obras en el 2018, así que habrá que seguir el proyecto de cerca para saber cuándo poder agregar el paseo al Itinerario en la Gran Manzana.

Fuente: noticias.arq.com.mx

Fuente imagen: www.applauss.com



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