Diaro de la Construcción

Trabajar o vivir en un edificio donde sus ocupantes no se enfermen -porque el aire acondicionado no recircula aire contaminado, por ejemplo- o en el cual se utiliza eficientemente el agua y la energía, lo que se traduce en menores costos y mayor confort, no solo es posible en el caso de proyectos modernos que han optado por certificarse bajo estándares internacionales desde su concepción, sino que también en edificios construidos antes de la irrupción de la sustentabilidad.

De esta forma lo explica en conversación con El Mercurio la arquitecta María Fernanda Aguirre, coordinadora técnica de Chile Green Building Council, GBC, organización sin fines de lucro, que trabaja en la difusión de la sustentabilidad en construcción en Chile. Si bien la entidad no presta servicios de consultoría sobre ningún sistema de certificación disponible en Chile, sí estimula el uso de herramientas como LEED, CES, EDGE, WELL, Passive House, etc., a través de actividades educativas y de plataformas como su portal (www.portalverdechilegbc.cl).

Respecto de LEED señala que: “Al ser una certificación reconocida internacionalmente y con enfoque en sustentabilidad, provee múltiples beneficios medioambientales, socioculturales y económicos, a lo largo de todo el ciclo de vida de un proyecto de edificación, ya sea nuevo o existente“.

Aún en Chile no hay “edificios existentes” certificados con este estándar, como sí ocurre en otros países como Perú, Ecuador, Colombia, Argentina y Brasil, “lo que resulta particularmente extraño, ya que en Chile contamos con todos los recursos para que los proyectos de un año o más pueden optar a mejorar su desempeño. Todo edificio existente es susceptible de ser certificado si se abordan las tareas necesarias para cumplir con este objetivo“, dice María Fernanda Aguirre.

Argumenta que “LEED es un sistema bastante flexible que provee clasificaciones específicas para edificios tan diversos como hospitales, colegios, centros de bodegaje, data centers, locales de hospedaje, edificios completos, casas, barrios, etc. La versión 4 de la certificación, la única en uso desde el 1 de noviembre recién pasado, incorpora además clasificaciones específicas para distintas tipologías de proyectos existentes“, señala. Así, por ejemplo, se podrá certificar un data center, sabiendo que la certificación provee una aproximación especial a este tipo de instalaciones.

Explica que mientras más nuevo sea el edificio y mientras más estrategias de sustentabilidad se hayan implementado, siempre será más costo-efectivo el perseguir la certificación. “Por ejemplo, un proyecto con una antigüedad de entre dos a cinco años, con luminarias eficientes, sistemas de control y monitoreo, infiltración de aguas lluvias, acceso a vistas e iluminación natural, sanitarios de bajo consumo, etc., tiene más posibilidades de certificarse a un menor costo“.

Mandantes privados o el Estado pueden beneficiarse de aquello porque el optar por estrategias de eficiencia en actividades asociadas a la operación y mantenimiento “representarían una reducción significativa de costos a lo largo de todo el ciclo de vida del edificio hasta su desmantelamiento y disposición final“.

Explica que “lo relevante es entender que un edificio mantiene su óptimo desempeño en el tiempo en la medida en que existan protocolos de prevención más que de solución, usuarios informados y responsables y procedimientos de inspección periódica. Más allá de los beneficios que se obtienen relacionados con la reducción de costos, hay otros que impactan directamente a los ocupantes y que tienen relación con la salud y el bienestar, lo que también se traduce en productividad“.

A su juicio, la mejor señal sería que edificios del Estado e instituciones educativas comenzaran a implementar sistemas de certificación para edificios existentes, “sería una muestra de que existe un compromiso con la conservación de recursos y el bienestar de los trabajadores, y que además se está dispuesto a liderar en la implementación de estrategias sustentables en el hábitat ya construido, tema que no es de menor relevancia si vemos que Chile tiene un compromiso mundial en la reducción de gases de efecto invernadero“.

¿Hay candidatos? Sí los hay. Por ejemplo, la Corporación del Poder Judicial, que tiene el primer proyecto público certificado LEED Platino de Sudamérica, y que además tiene otros 25 proyectos registrados, sería un firme candidato a, una vez operando, certificar estos mismo proyectos en operación y mantenimiento.

Patrimoniales

Incluso esta certificación socioambiental podría llegar hasta los edificios patrimoniales, aunque en Chile no es fácil porque las normas no facilitan el proceso de reacondicionamiento. En el mundo, “hay cientos de edificios patrimoniales certificados, como es el caso de Empire State en Nueva York, o el Edificio del Tesoro (1842) en Washington”.

En los edificios que han sufrido modificaciones mayores, la certificación por la cual se ha optado es la New Construction and Major Renovations, “lo que podría ser una alternativa en Chile para proyectos que deseen preservar sus fachadas y algunos elementos estructurales, y que a través de un proceso de diseño y construcción no solo se revaloricen como inmuebles, sino que, además, pasen de ser edificios muchas veces abandonados y que revisten problemas sanitarios y sociales a inmuebles sustentables que alberguen museos y centros educativos o gubernamentales“.

Lo relevante -agrega- es que en cualquier caso, siempre se debe considerar que un edificio existente es más sustentable que un proyecto nuevo y que su impacto ambiental, económico y social, será menor. Por eso, como Chile Green Building nos hemos autoimpuesto la tarea de difundir el tema de reacondicionamiento, rehabilitación y retrofitting como herramientas fundamentales si queremos avanzar en hacer más sustentable nuestro sector construcción“.

Fuente: impresa.elmercurio.com

Fuente imagen: http://ai.org.mx/



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